Hoy, de tu hermosa mejilla

se inspira mi lengua, prisionera

de ésta casa de cimientos vanos

y al olor de tus bravíos pechos

se estremece mi cuerpo a sobresaltos.

 

¡Qué no me falten nunca

la leche de tus ojos!

ni el postrero alarido de tus sienes

¡Qué no me falten nunca

la paz de tu reposo!

ni el ingenuo latido de tu rostro

¡Qué no me falte nunca

tu verde vientre airado y silencioso!

Que se acercan los días de la sementera

y tu nevada tierra

se me viene abriendo a golpes

de arado y guitarra semillera.

 

Que ha de ajarse, a espasmos,

tu carne de junco y albufera

y mi corazón sentir la fuerza

de otro nuevo día

que, a latir, empieza.

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Etiquetas: carne, corazón, día, golpes, lengua, mejilla, ojos, pechos, rostro, tierra, Más...vientre

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